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Donde el bullicio se convierte en paz: La magia de Nixe Palace, de una mesa bañada por el Mediterráneo a un refugio de eternidad en la habitación 319.

  • Foto del escritor: Ángel Galeote
    Ángel Galeote
  • 24 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Llegar no fue solo el inicio de un viaje; fue el comienzo de una experiencia sensorial.



Nos recibió una mesa como una obra de arte, cada detalle escogido para envolvernos con elegancia y cariño.



El sol se filtraba entre el bailar elegante de los camareros, danzando libre y alumbrando sobre la vajilla, alentando las conversaciones y acariciando la brisa que viaja desde el mar, mezclada con el alegre eco de las gaviotas.



La luz, el sonido y el ambiente creaban una sinfonía de bienvenida, donde el bullicio no incomoda, sino que arropa, abrazando cada instante con promesas de placer y tranquilidad.



Despojarse del equipaje, dejarlo en manos hospitalarias, es como quitarse también los pesos del alma. Nada importa, salvo el ahora.



Los platos iban apareciendo como regalos, creados desde lo más profundo de la vocación y el amor por la cocina.



Cada textura, cada aroma, cada punto de sabor es el fruto de una búsqueda que va más allá de lo gastronómico: es la búsqueda de la felicidad compartida, del recuerdo imborrable.



El mar en los calamares, la tierra en el guiso, la infancia en la croqueta, la alegría en la ensaladilla, y ese toque dulce imposible de definir, salvo en la sonrisa que nos provoca.




Los vinos, seleccionados como si fueran joyas, acompañaban cada plato sin preguntas ni dudas: todo era único, todo estaba exactamente donde debía estar.




El tiempo se diluía entre risas, miradas y confidencias, mientras otros comensales llegaban y llenaban el espacio de vida y conversación.



El café y la copa digestiva fueron el colofón, cerrando una experiencia digna de quedar grabada en el alma.



He cruzado continentes, probado cocinas diversas, aprendido de chefs que escriben historia.


Pero nunca, en ningún rincón del mundo, logré encontrar ese equilibrio perfecto entre la atención invisible pero presente, la libertad de ser uno mismo y la magia que sólo un lugar impregnado de espíritu mediterráneo y la profesionalidad de Hotel SantoS Nixe Palace puede ofrecer.



Hay sitios que se pueden describir; otros solo se pueden sentir. Solo puedo contarte que esa paz tan buscada, ese instante puro de serenidad, tiene nombre y número: habitación 319.



Adentrarse en ella no es escapar, es reencontrarse: todo está pensado para el descanso, la contemplación, el silencio, la plenitud.




Allí, la luz del atardecer inunda el espacio y convierte cada segundo en eternidad, cada respiración en gratitud.



Mi paz reside allí. Os dejo mi paz. Os comparto mi lugar, porque si alguna vez la paz necesitase descansar, elegiría ese refugio frente al Mediterráneo, cobijado por la esencia inefable de Hotel SantoS Nixe Palace.


Inevitablemente continuará...






Agradecimiento al equipo de cocina:


No existen palabras suficientes para expresar nuestra gratitud.

Ha sido un verdadero honor que un equipo tan excepcional nos abriera las puertas de su cocina y nos regalara su cariño, su entrega y su pasión para la realización de este reportaje.



Cada gesto, cada detalle y cada creación vuestra habla de un arte

que va más allá de la gastronomía.

Gracias por compartir con nosotros esa majestuosidad

que sólo nace del amor por lo que hacéis.

De corazón, gracias por tanto.


 
 
 

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