Calçotadas en Es Molí des Comte: donde el tiempo se detiene entre brasas, vino y tradición.
- Ángel Galeote

- 4 feb
- 2 Min. de lectura
TRIUNFO DE LAS CALÇOTADAS 2026

Hay lugares que no se visitan: se viven.
Es Molí des Comte es uno de ellos.

Llegamos los primeros, y desde el umbral ya se percibe que allí el tiempo fluye a otro ritmo.

Cada rincón guarda un secreto: salones con historia, escaleras que ascienden hacia otros mundos, bóvedas escondidas que susurran al pasado.

En este molino reconvertido en templo gastronómico, el reloj se rinde ante la magia del instante.
Nos reciben con un vino de la casa —un tinto crianza de 2021— que abraza al visitante con elegancia y carácter.

Mientras el aroma a leña anuncia los calçots que pronto se dorarán en la brasa, el aire se llena de esa mezcla tan evocadora de humo, tierra y vino.

Poco a poco van llegando los comensales: abrazos, sonrisas, complicidades.
La mesa, dispuesta con mimo y detalle, se convierte en el escenario donde comienza un ritual ancestral: el vals del calçot.

Con baberos al cuello, copas alzadas y risas compartidas, el primer bocado confirma que este es mucho más que un almuerzo: es una celebración del sabor, de la amistad y del Mediterráneo.
Llegan después las butifarras catalanas con mongetas, servidas en su cazuela de barro, y la brasa sigue cantando mientras a continuación desfilan las chuletitas de cordero con patatitas recién cortadas y pimientos de Padrón.

Todo ello acompañado por Ses Nines, un vino mallorquín que al descorcharlo devuelve el alma de la isla en forma de aroma y melancolía.

El postre cierra el festín con ternura: una crema catalana casera, aún tibia, con el crujir del caramelo recién hecho.

La sobremesa se alarga entre cafés, copas y música suave, esa que invita a quedarse un poco más, a conversar sin mirar el reloj.

Horas después, al despedirnos, la sensación era inequívoca: en Es Molí des Comte las prisas no existen. Cada detalle, cada gesto del equipo liderado por Juan Carlos, refleja un oficio que se ejerce desde el alma. No es solo cocina, es hospitalidad en su forma más pura.
Gracias por recordarnos que aún hay lugares donde comer se transforma en un acto de emoción y memoria.
Los invitamos a descubrir sus calçotadas y a dejarse envolver por este rincón que ya forma parte de la ruta culinaria de Saboreando Mallorca y Redescubriendo España.

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